El Arte de Saber Decir NO a Nuestros Hijos

Los niños. ¡Ay!, los niños… ¿Cómo es posible quererlos tanto y al mismo tiempo, de vez en cuando, tener esas ganas de enviárselos al vecino? A mí me ha pasado cuatrocientas veces desde que los tengo. Son dos, la mar de guapos. Pero bueno, supongo que los veo así porque soy su madre.

Puchero hijoFrancamente, los críos nos dan problemas a todos, al menos esto es lo que intuyo cada vez que hablo con mis amigas y amigos de sus hijos.

La verdad es que me cuesta muchísimo negarles las cosas que me piden, lo que hace que se crezcan sin mesura y cada vez quieran más. Pero hace poco me negué a seguir por ese camino y me di cuenta de que se lo permitía porque no sabía decirles que no, por miedo a su posible reacción. Supongo que es algo en parte normal, el hecho de no saber negarle cosas a tu primer hijo. Las madres primerizas van con menos seguridad que cuando tienen cinco, así que no nos martiricemos por ello.

Educación pura y dura

Me está costando mucha ayuda, pero al final lo estoy consiguiendo. Donde hasta hace poco se ponían a llorar porque no les dejaba comer galletas antes de cenar, ahora me preguntan y se van con un NO mayúsculo a jugar. Mi idea es que acaben por dejar de preguntar, sin más. Que aprendan a saber cuándo es un no sin que yo tenga que decírselo.

Me parece un claro ejemplo de buena educación para nuestros hijos. No sólo el saber decirles que no, sino el que aprendan a asumirlo y a entenderlo. La jerarquía en las familias es imprescindible para que los hogares funcionen bien. Si el niño pierde el respeto por los padres, tiene muchas papeletas para acabar mal. Igual luego triunfa en la vida, pero sin ningún respeto ante cualquier tipo de autoridad, con todo lo que ello conlleva.

Si estáis en mitad de este problema y no sabéis cómo salir de él, pensad, como yo, a largo plazo, en lo que alcanzaréis con unas cuantas negaciones. No se trata de inculcar dosis de disciplina típica de la doctrina protestante a nuestros hijos, sino que conozcan los límites y aprendan a distinguirlos por ellos mismos cuando se den situaciones que no habían conocido hasta ese momento. Es simple y llana educación. Llegará un día en que se irán de casa, y aprender a discernir este tipo de cosas les ayudará muchísimo en la aventura que será su vida. He conocido a mucha gente a la que nunca le han dicho que no y resultan de lo más insoportables. Algunos son amables, pero cuando profundizo un poco más me encuentro con el problema. Y yo no quiero que a mis hijos les pase eso ni de lejos, así que desde bien pequeñitos estoy obligándome a decirles que no.

Hijos únicos

La gran mayoría de estas personas que comento son hijos únicos. No quiero decir que sea algo decisivo y definitivo, pero no cabe duda de que es un factor muy influyente. Pero es que si os paráis a pensar, es del todo comprensible. Pensad la diferencia entre una familia con tres hijos a una con uno.

Educacion en familiaLa familia con un único hijo va a dedicar todo su esfuerzo en que esté bien. Que no se sienta solo, ante la falta de hermanos. Que no se deprima. Que se entretenga. ¿Veis adónde conduce todo esto? A llenar ese vacío con materialismo, en muchos de los casos. En otros, cuando los padres son inteligentes, aprovechan la situación y educan al niño de una manera completísima; es decir, ya que tiene tanto tiempo, que lo emplee en aprender a nadar. O en aprender a jugar a baloncesto. O en leer. ¡Tienen mil opciones! Pero no nos desviemos del tema; cuando se llenan todos esos huecos con objetos materiales, al niño le da por pensar. Como no tiene experiencia alguna en esta vida y debido a su edad es un egoísta de cuidado, piensa que le falta la corona de un rey en la cabeza. Es decir, se da cuenta de que tiene a los padres a su merced. Él no entiende de compensaciones por falta de hermanos, ni de necesidad de ocupar su tiempo, sino de la atención que recibe constantemente. Y es en ese momento cuando el arte de decir que no se convierte en la mejor herramienta de unos padres hasta el momento algo descuidados.

Si se aplaca tajantemente la subida del niño, aprenderá una valiosa lección que jamás olvidará. Si no, seguirá faltando al respeto a la autoridad que nosotros, los padres, representamos. Y así seguirá hasta que aprendamos a decirle que no, aunque cada vez costará más. Lo ideal es que en algún momento se sienta agradecido por las cosas que recibe; pero ya os digo, ese sería el mejor de los escenarios. En la mayoría de los casos, cuando su inteligencia emocional se desarrolla, acaba aceptando la autoridad en cuestión, pero sin olvidar que tiene ciertos derechos por el simple hecho de ser quien es.

Decid NO

Así pues, os animo a que superéis vuestros miedos y utilicéis más a menudo la palabra no, en el caso de sentir que vuestros hijos se os suben a la chepa, como me pasa a mí. Si son más de uno lo tendrán más fácil, porque cuando uno sucumbe al no, el otro lo hace por imitación; su alianza es menos sólida que los matrimonios de los famosos. En ese sentido tengo suerte. Olvidad sus quejidos, lloros y malos humores. Es el momento de que los tengan, será mejor para ellos cuando se hagan mayores y, además, os lo agradecerán en el futuro. No tengáis temor a que se ofenda y se ponga rabioso, o a que se sienta poco querido en ese momento, porque sabe perfectamente que eso no es verdad. Son pataletas, sin más. 

Y para terminar, sabed que al final todo se reduce a la inteligencia que utilicéis para resolver el problema. Los niños tienen tanto de manipuladores como de manipulables, así que andad con cuidado. Sed más inteligentes que ellos y no caigáis en sus trampas. Empatizad con ellos y jugad bien vuestras cartas, pues nos encontramos en uno de los momentos más cruciales de la educación de nuestros hijos y es conveniente que salgamos airosos antes de que sea tarde.

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