Panificadora Moulinex OW1201

Moulinex OW1201 Panificadora | Analisis

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Como ya sabéis, no hay nada que me dé más vidilla y alegría que el olor al pan recién hecho por la mañana. Bueno sí, yo creo que hay solamente una cosa que puede superar eso: el olor a pan recién hecho y café con leche por la mañana temprano. Pero para mí, sin importar las horas a las que me haya ido a dormir, o si es lunes o fin de semana, verano o invierno… los días suelen comenzar entre las 7 y las 8 de la mañana, una hora a la que todavía ni han ‘puesto las calles’… La típica visión de un señor francés con su gorrita negra, su baguette y sus croissants volviendo de la panadería por la mañana temprano queda fuera de discusión en mi microuniverso.

Algo que hasta hace poco ni se me habría pasado por la cabeza era despertarme en mi propia cama por las mañanas con ese olor a pan, acercarme a la cocina y ver ese pedazo de panazo esperando por mí, recién hecho… ¡Un lujo asiático! (la parte en la que George Clooney me espera junto al pan con un Nespresso en la mano ya la dejo para el mundo onírico).

Ahora bien, panificadoras hoy en día las hay a cientos y a miles. Mayormente tienen todas una forma muy similar, formato ovni, que digo yo, de tamaño bastante mamotreto y con una pantalla digital que a veces te entran ganas de llamar a la NASA para poder utilizarla. Pues imaginaos que encima el diseño de la panificadora sea tan compacto y bonito como el de esta Moulinex OW1201 de tan solo 3 kg de peso, que yo diría que es retro, aunque no sé si se puede utilizar este adjetivo aludiendo a una panificadora. Pero tengo que decirlo una vez más, y ahí va: ¡es que es taaan bonita! No solamente esa forma, tan redondita y tan lisa, sino además la forma de programarla. La verdad es que las pantallas tipo display electrónico están muy bien y son muy modernas, pero tengo que reconocer que se agradece volver a la forma rudimentaria de girar un botón de rosca y elegir el programa que quieres según los iconos. Es súper intuitiva, y si digo que hasta un niño podría usarla, lo digo de verdad: mis hijos pueden programarla perfectamente tan solo guiándose por los dibujos.

Lo único que hay que hacer es poner los ingredientes en la cubeta antiadherente; girar el botón para seleccionar el tipo de pan, en el que se puede elegir entre seis tipos diferentes; girar el otro botón para indicar cómo quieres la corteza de dorada, donde se puede elegir entre tres opciones diferentes; y por último, programar la cocción a 12, 9 o 6 horas… Y ya está, ahora nos desentendemos y esperamos a que salga el pan, que por cierto, trabajando a capacidad completa sale un pan de medio kilo, así que da para repetir rebanada unas cuantas veces. Además, aunque normalmente pensemos en pan al escuchar la palabra ‘panificadora’, en realidad este aparatito también puede hacer masas dulces, como bizcochos, también programándolos previamente para tener a punto la merienda al llegar a casa después del cole, por ejemplo. ¡Así de fácil!

 

 

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